dilluns, 24 de juny del 2013

Soñando soñé...

Se suele decir que los sueños son materia inerte, que no tienen vida y tampoco pueden tocarse. De hecho, los estudios más profundos y famosos ni siquiera han logrado rasgar la más mínima parte de lo que en realidad son. Las civilaciones antiguas han llegado a establecer relaciones divinas entre lo que suponen las imagenes que son lanzadas desde nuestro subconsciente hacia nuestra mente adormecida y la voluntad de los seres superiores. Nadie conoce con certeza la verdadera esencia de estos misteriosos sucesos pero parece que tengan que producirse en fechas clave, recordándonos hechos que nos han sucedido durante nuestra andanza en el camino de lo consciente o posibles acciones que llegan a pasar en el futuro y nos sorprendemos por la cercanía a lo que nos pareció ver.

Esta noche, por ejemplo, he tenido la peor experiencia de mi vida cuando de repente mi mente se ha ensombrecido y ha comenzado un teatro fantasmagorico y siniestro donde el papel de protagonista lo interpretaba una copia exacta de mi mismo, con sus pensamientos reflejados en mi mente y sus movimientos ligados a mis articulaciones. El sueño, el que aludía a una escena de mi vida, me llevaba por las calles por las que yo normalmente camino, los sitios que yo usualmente frecuento y las personas con las que suelo interaccionar. Lo más siniestro de todo, es que esta secuencia tenía como co-protagonista a la persona por la cual todos mis sueños han dejado de parecer quimeras y han pasado a ser ilusiones banales de lo que podría llegar a ser un amor verdadero. Esta doble, igualmente perfecta y bella, ponía en su boca las palabras que más temo que salgan por la boca de su homónima. Normalmente, a la mañana siguiente vagamente recordamos frases exactas que hayan estado danzando en nuestra mente durante la noche pero por alguna extraña razón esos versos horribles aún siguen campando a sus anchas entre los recovecos de mi cansada psique. Decían así:

"no me busques, no me llames, no hables nunca más conmigo. No te amo y no quiero volver a verte"

Después de eso el mundo que se había construido en mi subconsciente empezó a girar desapareciendo poco a poco pero ella seguía ahí, al igual que yo.

Poco después despertaba con un sollozo incontrolable y mil lágrimas que brotaban de mis ojos. Nunca en mi vida había despertado de esta manera. Parecía que mi cuerpo había estado corriendo una carrera de 8 horas y mi mente había estado haciendo un contínuo ejercicio que le había dejado apagada por lo que quedaba de día.
Por suerte, al recomponerme y recuperar el ritmo de respiraciones normal, me di cuenta que todo había sido un sueño. Y al ser conocedor de esta situación todo lo malo que rondaba por mi mente desapareció y una sensación de calma cálida me invadió de nuevo.

Ella es la luz de mi vida, la que me lleva de la mano hacía la felicidad, una felicidad que no imagino como va a ser mayor que estar con la persona que amas y que nada ni nadie pueda arrebatartelo.